Debido a los tres días que llevamos desconectados del mundo y a las tres actualizaciones hechas cada día, las pongo todas juntas, separadas por el título de cada una de ellas. Espero no teneros desinformados tanto tiempo durante el resto del viaje, o sí.
Conociendo Milford Sound
La noche fue mejor de lo esperado, tanto mi primo como yo tuvimos suerte en las habitaciones, y pudimos dormir, no fue una noche en la que descansásemos mucho, o bien por quedarse en Internet hasta las tantas o por despertarme varias veces a lo largo de la noche, como si por algún motivo no pudiese descansar bien. Al despertarme definitivamente me di una ducha y me bajé a esperar a Nico abajo, llegó 15 minutos tarde, y al mirar en Internet si el señor Penneke le había contestado, y efectivamente lo hizo, pero con sólo tres trabajos disponibles, y ninguno de ellos apto para mí, así que igual fue por eso por lo que no pude descansar esa noche, como si fuese algo que me pudiese esperar. De la que íbamos a buscar a Raúl y Paula íbamos pensando opciones.
Les recogimos y nos fuimos a Queenstown, allí vimos el mercadillo que hay todos los sábados y a un mago haciendo su número en las cercanías del lago. Nos volvimos a comprar unas de esas maravillosas hamburguesas y emprendimos el camino a Milford Sound. 4 horas de viaje, las dos primeras sin grandes paisajes, pero las últimas dos horas de recorrido son dignas de venir a verlas (al igual que la carretera de Westport a Greymouth) Una vez en Milford, admiramos las montañas que nos rodean por todas partes y después de ver los alrededores subimos a la habitación de Nico a dejar las bolsas y fuimos a la lavandería, en donde estuvimos un par de horas jugando al póker para que no se nos hiciese muy pesada la espera. Al terminar la secadora volvimos a la habitación, en la que yo me quedé dormido y el resto bajó a cenar algo, momento en el que Raúl se enamoró de la despensa. Yo no sé si me dormí por cansancio, sueño, o para dejar de darle vueltas a lo del trabajo y diversas opciones, creo que fue por la última de todas, acompañada de que no había descansado lo suficiente.
Doce horas después nos levantamos, el día que más tarde, a las 10:30, nos duchamos, desayunamos fuerte, en donde Raúl se despidió de la despensa dándole un buen meneo. De la que vamos a coger el barco para ver el fiordo, Nico se encuentra con Penneke, al que después de darle mi CV y hablar con él, nos dice que esperemos un par de días a ver si hay algo, que seamos pacientes, así que de nuevo se vuelve a abrir la puerta de Milford.
Nos invitaron al barco a los tres y disfrutamos de dos horas y media de paseo por el mar con montañas a ambos lados, varias cascadas, no con mucho agua ya que no ha llovido mucho en las últimas fechas. Nos quedamos sin ver delfines, pero si que admiramos el paisaje en un día soleado, del que también dieron fe las focas, tiradas a la bartola disfrutando del sol. Cascadas que nos salpican mientras intentamos evitarlas, montañas y más montañas y entre medias, el mar y nosotros en un pequeño barco.
De nuevo en tierra nos dirigimos Nico y yo a su habitación y Paula y Raúl al café en el que trabaja Nico. El motivo de ir a la habitación es que Nico va a vaciar la maleta para lo que queda de viaje, y yo me decido a dejar mi maleta grande en su habitación, para, esperemos, volver a Milford para coger mi habitación propia y mi nuevo puesto de trabajo. Si finalmente el señor Penneke no nos llama, ya buscaremos otra solución, aunque las primeras que pasan por mi mente son Queenstown, por la “proximidad” con Nico para vernos en los días libres y con múltiples trabajos que ofrecer, y la otra Wellington, por ser la capital habrá gran cantidad de trabajo y es una ciudad que me gustó muchísimo. Pero lo que tenga que ser será, de momento confiemos en Milford.
Al salir de Milford, después de haber recorrido varios kilómetros decidimos volver ante la posibilidad de quedarnos de nuevo sin gasolina, repostamos y continuamos el camino. Decidimos parar en Te Anau, primer pueblo a unas dos horas de Milford, ya que el horario (se nos hizo bastante tarde en la tierra del fiordo), el miedo a quedarnos sin albergues si continuábamos más adelante y que el chofer estaba cansado. Conseguimos habitación de milagro y sobre la bocina, y tras buscar nuestra habitación durante un buen rato, dimos con ella después de volver a preguntar en recepción, y es que nuestra habitación es una caravana años 60 pintada de rosa y azul, en la que hay una cama doble y dos simples, en la que sin ninguna duda decidimos quedarnos con ella y encima al ir a pagar nos sale 11$ más barata que cualquier otra habitación.
Una vez arreglado el alojamiento y para quitarnos el mono con el que llevábamos dos días nos fuimos a cenar a un restaurante hindú, aunque por el camino nos desviamos debido a una enorme luna redonda y amarilla que nos embaucó a los cuatro, después de una nueva maravillosa vista fuimos a deleitarnos con una no menos sabrosa comida. De nuevo a nuestra caravana y a descansar para el día siguiente, que como viene siendo habitual, sabemos a donde vamos pero no donde dormiremos.

180 millones de años atrás
La noche en la caravana fue tranquila y placentera, con un poco de frío pero nada que un buen saco no pueda evitar. La ruta de hoy fue ir a las Catlins, en la costa sur de la isla, así que cogimos el coche y nos pusimos en marcha, previa parada para desayunar en Te Anau. La primera parada del día fue Curio Bay, una playa en la que se conservan los fósiles de los árboles de un bosque de 180 millones años, que aunque a pesar de que vayamos a desgastar la palabra es impresionante, como casi todo lo que hemos visto en este país. Unos cientos de metros más adelante nueva parada en una cima desde la que se puede ver parte de la costa y una playa en la que si hay suerte pueden verse pingüinos, focas y algún que otro animal marino más.
La segunda parada fue otra playa en la que ocurre lo mismo, pero hoy no ha habido suerte y nos hemos quedado sin ver a ningún animal marino por las arenas de las playas. Al regresar al coche, debido a las horas que eran decidimos quedarnos en el siguiente pueblo Owaka, en el que el único albergue en el que había plazas, no había recepción. Entonces después de preguntar y que nos dijesen que elegías una habitación y ya te vendrían a cobrar, nos quedamos pensando que eso era un poco surrealista pero ante la necesidad de coger habitación elegimos una con una cama doble y otra simple, ya que no había otra opción de estar los cuatro juntos.
Cuando íbamos al supermercado a comprar la cena y el desayuno del día siguiente, apareció un tipo que se bajó del coche que nos preguntó que si nos íbamos a quedar con la habitación, al decirle que sí, nos dijo que éramos cuatro y la habitación de tres, así que le dijimos que Nico dormiría en otro albergue y así nos ahorramos unas pelillas.
La merienda-cena consistió en tallarines chinos, nuggets de pollo y trozos de patata rebozados. Por primera vez en lo que llevamos de viaje vimos la tele, primero Los Simpson´s y luego King Kong. Al terminar la película, todos a la habitación, y tras repartirnos las camas, Raúl se atrevió a probar el propóleo, creo que por primera y única vez en su vida, ya que no le gustó mucho.
Mañana Nico tendrá que hacer que llega a buscarnos para que no nos digan nada de la habitación, así que tendrá que madrugar un poco más que el resto.

Leones marinos
Al final no hubo ni madrugón del chofer ni pillada del dueño ni nada de nada, así que después de desayunar y ducharnos tranquilamente los cuatro, cogimos el coche y nos pusimos en marcha, en un principio no íbamos a parar, pero afortunadamente, como sabíamos que íbamos a llegar pronto a Dunedin (ciudad elegida para pasar la noche) decidimos desviarnos a Nugget Point, y menudo acierto. El lugar en concreto es un cabo en donde hay un faro y tienes unas vistas espectaculares, pero es que además, es el único sitio de Nueva Zelanda (y según un cartel que ponía allí, del mundo) en el que conviven focas, leones y elefantes marinos. Hoy tuvimos más suerte y vimos en la distancia a focas y leones marinos, de los elefantes ni rastro. Tras unas cuantas fotos volvimos hacia el coche, y tras bajar una cuesta paramos en una playa para ver si había suerte y veíamos pingüinos o algún animal más de cerca. Al meternos en la caseta para que ellos no te vean y se queden en la playa, pudimos ver que en la hierba había un león marino, tras dudar si estaba dormido o muerto, se despertó, y tras unos amagos de moverse decidió volver a tumbarse.
De la que continuábamos nuestro camino a Dunedin, nos vimos obligados a volver a parar ya que otro león marino estaba tomando el sol en la arena de una playa, y ahí si nos pudimos acercar un poco más. Nico, el más valiente, incluso fue avisado dos veces por el animal, levantando el cuello, abriendo la boca y soltando un sonido un poco acojonador. A ver si conseguimos subir las fotos para que las veáis. De ahí, poco más hasta que llegamos a Dunedin, en donde después de coger el albergue nos fuimos a recorrer la ciudad, que según dicen en todos los folletos es muy parecida a Edimburgo, pero por lo que nos cuenta el único de los cuatro que ha estado en Edimburgo no tiene nada que ver. Tras ver la catedral y la calle principal nos cogimos algo de cena en el McDonald´s y al albergue, en donde volvimos a jugar al póker, pero esta vez sí, con dinero.
Mañana es el último día que usaremos el coche, salvo que Nico esté muy cansado y hagamos una parada más, pero en un principio, la idea es llegar a Christchurch y pasar allí los poco más de dos días que nos queden en grupo antes de iniciar la andadura en pareja o en solitario, ya que Penneke sigue sin confirmarnos nada.
Estos días hemos estado aislados del mundo ya que en Milford y en Owaka no había cobertura en el móvil, y en Milford lo de pillar Internet es complicado, y más si no curras allí. Pero de aquí al final del viaje será más fácil.


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