Nueva etapa

18 04 2008

El Mac al final no se fue a Milford, pero lo que sí que se fue con Nico fue una Canon reflex con dos objetivos, que ya puedes empezar a hacer fotos para ganar ese concurso.

El resto del tiempo lo dedicamos a recorrer unos jardines que eran de lo poco que me faltaba por ver, a buscar una tienda que nunca llegamos a encontrar, a ir al cine dos veces el mismo día, Las Crónicas de Spiderwick y American Gangster fueron las elegidas. Ése día nos alimentamos única y exclusivamente de palomitas, helados, unos m&m´s, bueno y unas patatas fritas con salsa alioli a medianoche mientras estábamos en Internet, en dónde estuvimos un buen tiempo.

Ayer a primera hora de la mañana Nico se volvió a Milford, y yo me quedé en Internet, esperando a mi autobús, que finalmente salía a las 3 de la tarde. Ya tenéis queridos lectores las dos historias diferentes, no sabemos por cuanto tiempo, pero intentaremos que dure la estancia en éste país.

Las seis horas de viaje a pesar de no haber dormido la noche anterior no pude pasarlas durmiendo como me hubiese gustado, demasiados pájaros en la cabeza como para poder dormir, pero gracias a eso también pude ver el Monte Cook, a la tercera fue la vencida, aunque ésta vez no había parada (para una vez que lo veo…)

Al llegar a Christchurch, pasé por la catedral y me fui directamente al primer albergue en el que pasamos las dos primeras noches cuando estuvimos los cuatro por aquí, para no tener que madrugar al día siguiente y poder dormir plácidamente. Cual fue mi sorpresa cuando al meterme en la habitación a las 10 de la noche ya estaban mis 5 compañeros durmiendo y al despertarme hoy a las 11 y algo (después de poco más de 12 horas de sueño) ya no había nadie. Me duché, unas galletas para desayunar y a recorrer un poco mi nueva ciudad.

Mi primer objetivo era encontrar la escuela de inglés con la que me puse en contacto antes de venir, pero por más que me he recorrido la calle (la misma que en la que está el albergue) no lo he encontrado, aprovecharé para mirar bien la dirección ahora mientras actualizo. Así que me pasé por la catedral y al acercarme al ajedrez estaba el maestro yoga-miyagui castigando a otra de sus víctimas. Entre medias pregunté en un par de sitios en los que necesitaban gente, pero en uno hacía falta el carnet (en cuanto vuelva me lo saco, lo primero) y en el otro no querían gente sin visado, es decir, que no me arreglaban los papeles, así que se me ocurrió ir al restaurante español en el que degustamos el delicioso solomillo para hablar con Iñaki (el jefe) y ver si me podía aconsejar alguna cosa, en plan alojamientos más baratos, incluso pisos, o si sabe de algún sitio donde necesiten gente para trabajar, y ya si ellos tuviesen sitio de lujo, ¡¡¡todos los días solomillo!!! Pero el restaurante estaba cerrado, hasta las seis de la tarde no abren, así que le llamé al teléfono que nos dio, pero sólo pude dejarle un mensaje en el contestador ya que nadie contestó a la llamada. Y tras recorrer un poco más esta ciudad, decidí venir al albergue a escribir ésta nueva actualización para teneros a todos al día.

La situación empieza a ser un poco crítica, tras las dos semanas “todo pagado” en Milford, no me acordaba del estado de la cuenta, pero ahora la cosa también ha cambiado, y tengo tres semanas para encontrar un trabajo, no mucho más, sino, éste verano me tendréis ahí con vosotros, que aunque la morriña me dice que sí que quiere, todo lo demás no quiere perder éste combate, y voy a conseguir quedarme aquí, mínimo hasta que termine el visado. Tiempo al tiempo, y lo que tenga que pasar pasará.

Nico, da recuerdos por Milford, y el resto darlos por ahí arriba.

PD: Hay frío. Y desde que escribí esto hasta ahora, además de leer un poco, he rellenado las solicitudes del Mc Donald´s y en el Burger, a ver si por si acaso… Nano me ha hecho gracia tu mail porque ya lo había hecho.





Volando voy, volando vengo

14 04 2008

El día no comenzó tan pronto como en un princípio nos habíamos propuesto, ya que la noche anterior, principalmente por el teléfono nos acostamos bastante tarde, y a eso de las 11 hacíamos nuestra primera visita al aeropuerto para ver si teníamos sitio. Nada de nada, sólo una nube de sandflys y unas abejas que perseguían a Nico, así que de vuelta al albergue, cosa que aproveché para tomarme mis últimas tostadas.

A la 1 hicimos un nuevo intento, fallido también, en el que de nuevo los sandflys y las abejas se alegraron de vernos, es increible el odio que estoy empezando a cogerle a esos dichosos mosquitos, ni con los sprays hechos para ellos se van los condenados.

De nuevo en el albergue, Nico decide ir al café mientras yo me quedo intentando arreglar la puerta que se había atascado (no sabemos si por mano divina o humana), al regresar, entra por la ventana y soluciona el problema de la puerta, y viene con un sitio en una avioneta a las tres, así que de nuevo vamos a visitar a mis queridos sandflys y Nico a sus amigas las abejas. Antes de seguir, comentaros que en una de nuestras paradas en el albergue, en la última creo recordar, Nico llama a la embajada y nos dan la grata noticia de que su pasaporte está al llegar, por lo que el fantasma de la deportación vuelve a desaparecer por el momento de nuestras vidas.

Y como a la tercera va la vencida, ésta vez lo conseguimos, en avionetas separadas, una de ellas de la competencia, pero conseguimos que nos lleven. Yo me metí primero en la plaza que había conseguido Nico en el café, ya que para la otra plaza hacía falta un papel que yo aún no tengo. Junto a mí van un matrimonio alemán y sus dos hijas pequeñas. Avioneta completa con seis personas, y… ¡¡a despegar!!

Nos adentramos en el fiordo, pero viéndolo desde el aire, que no parecen 15 kilómetros, y después salimos hasta el mar de Tasmán, para volver a enfocar la costa y meternos entre un bosque de montañas en las que la cima de alguna estaba adornada con nieve, pero nieve de la que tiene un color azul, que sólo has visto en la tele o en glaciares, como los que había ahí, aunque no muy grandes, sí muy impresionantes. Entre medias aparecían lagos, cada uno con el agua de un color, más glaciares, bueno, algo realmente espectacular, un lujo, sólo al alcance de unos pocos, ya que el vuelo es carísimo, menos para los suertudos que trabajamos/trabajaremos en Milford. Tenéis las fotos del vuelo en la nueva carpeta, además de las del vuelo están también las del día de la cascada y las del trecking. Para haceros las cosas un poco más fáciles pinchar aquí para verlas directamente.

Decir que durante el vuelo, la sensación es completamente distinta, el estómago va dando vueltas, la avioneta gira a un lado y al otro, notas cómo el viento mueve el vehículo que te transporta a varios metros del suelo, sientes un pequeño mareo, pero realmente merece la pena. Para finalizar, en el aterrizaje, la sensación es de que te la das, ya que no notas cómo se posan las ruedas en el asfalto hasta que no estas con el culo en el suelo y a punto de gritar, pero realmente merece la pena.

Al llegar a Queenstown, de tiendas porque al primo se le ha antojado un Mac, pero de momento parece que se le resiste, mañana habrá más novedades. Y poco más, unas vueltas por el pueblo y a internet, que teníamos cosas pendientes que hacer y que mirar.

Que os gusten las fotos tanto como a mí el viaje.





Un mes bocabajo

13 04 2008

Pues sí, y parece que fue ayer cuando estaba en Leytonstone con los amigos exiliados en Londres. Pero ya hace un mes que estoy en las antípodas, y se ha pasado volando.

Por aquí sin muchas novedades la verdad, sigo en Milford, pero de verdad de la buena que ya me voy, pero es que Nico ha terminado hoy su turno, así que ahora tiene 4 días libres que pasaremos juntos y luego nos separaremos por un tiempo. Aún no sabemos que haremos, si irnos a Queenstown o quedarnos aquí, en ambos sitios habría cosas que hacer.

En el primero el cine principalmente, y poder disponer de un rato de Internet decente, además de las hamburguesas y las patatas con salsa alioli tan ricas, y aquí, alguna que otra excursión, aunque sólo sabemos que haríamos la de la cascada. Eso es lo que hay, que en 4 días como máximo le tendré que decir “hasta pronto” a Milford.

Estos días lo de siempre por aquí, ver películas y hablar con la gente, un par de horas el otro día tirando a canasta para quitarme el mono, que además este finde, la gente de Buen Consejo ha estado en el viaje, que éste año tenía como destino León, y me dío morriña.

Ayer, Nico conoció a un catalán que se está recorriendo Nueva Zelanda en bicicleta y por la noche estuvimos con él en el pub, que había un conciertillo. Primera cerveza desde que estoy aquí.

Después, a intentar solucionar el pequeño problema de Nico, que vamos a intentar que no le deporten, porque además si lo hiciesen no me deja que coja el trabajo en los botes, pero seguro que conseguimos hacer algo para que no le deporten y poder estar una buena temporada más en Milford.

Manolo y demás gente que no quiere leer demasiado, a partir de aquí no leáis si no quieres, que son cosas del país que me han impactado bastante.

El possum es un animal que es difícil de explicar, pero para que os hagáis una idea son como un zorro-topo, que en éste país le tienen bastante cariño, y hay una campaña de acoso y derribo contra ellos. En todos los sitios te incitan a matarlos, en las tiendas de regalos tienes pieles de possum, y un cartelito que viene a decir que si lo compras contribuyes a que se maten más. Y el problema, es que estos zorro-topos, se comen siete millones de toneladas de vegetación al año, que se la quitan a las ovejas, que en éste país son semisagradas, de ahí el odio de todo el país hacia ellos. Pero ayer, además me enteré de que en el país vecino, Australia, es una especie protegida, igual eso también influye en la rivalidad entre ambos países.

Otra cosa que me impactó mucho, es que en el Burger King, y en varios sitios de comida rápida, tienen el surtidor de refrescos fuera, para que te lo puedas rellenar si te apetece más, cosa impensable en España, que ya me imagino a la gente con botellas vacías haciendo cola para echarse.

Y por último, comentar que por las carreteras tienes puestos de fruta, huevos, mermelada y alguna que otra cosa más que no los vigila nadie, simplemente pone los precios y una caja para que la gente pague, no hace falta que diga que pasaría en casi cualquier otro país occidental con todo eso. Son bastante confiados, y la picaresca no la conocen mucho.

Noticia de última hora, ya que ha sucedido mientras escribía todo lo anterior, mañana nos vamos a ir a Queenstown. Además parece que vamos a intentar ir en avioneta, así que nos levantaremos en cinco horitas, y si finalmente tenemos que coger el autobús, nos da tiempo a echarnos otro rato.

PD: Mañana tendréis las fotos de Milford, el trecking y esperemos de el viaje en avioneta.





Y aún arde Madrid en mi memoria

8 04 2008

Hoy hace un mes que me fui de Madrid, un mes que ha pasado muy rápido, pero que ha sido realmente increíble, no sólo para mí, los equipos que entrenaba por ejemplo no han perdido desde que me fui, así que igual tenía que haberme ido antes incluso, porque ahora hasta meten más de 100 puntos y todo.

Como podréis observar, y como bien puso mi primo en los comentarios aún sigo en Milford, ya que al preguntarle al señor Penneke la posibilidad de meterme gratis en algún autobús con destino Queenstown, el respondió que me quedase un día más y me contestaba, así que ese día lo dediqué a ver Entrevista con el vampiro y después estuve hablando con Jacob, un checo bastante majete que además es fan de Ska-p. Por la tarde se montó un partido de volley con la gente de aquí, y con unos 100.000 sandflys que son unos mini mosquitos que abundan en el Edén, pero que no paran de molestar haga sol, lluvia, sea de día o de noche, siempre están ahí, y sus picaduras duran semanas. Así que el partidillo de volley estuvo marcado por estos “maravillosos” bichos, que se meten en los ojos, orejas, nariz, boca, así que según nos fuimos cansando de los sandflys la gente iba dejando de jugar, en el momento de mayor auge, fuimos 12 o 13 y al final acabamos jugando un 2 para 2. La lista de lesionados fue amplia, 2 bajas por sandflys en los ojos, 13 heridos de sandflys, en donde destaca la picadura en el labio a Nico, que se le hinchó bastante, aunque al par de horas se le pasó. Yo tengo unas 3 o 4 picaduras que son bastante molestas. Después un par de pelis y a la camita, que al día siguiente Penneke me diría algo acerca del trabajo.

Me desperté, me di un duchazo y fui a tomarme mi delicioso y abundante desayuno, que para que veáis que como y que no me muero de hambre consiste en nada más y nada menos que 6 deliciosas tostadas con miel o mermelada. Cuando estaba acabando la última de las 6 tostadas, me había decidido en ir al gimnasio, ya que el rato que había estado jugando al baloncesto unos días atrás no apaciguó mis ganas de hacer deporte, sólo me quitó un poco el mono de basket. Pues justo en ese momento, entró Liam por la puerta, Lien es una chica australiana que lleva algo más de 2 semanas en Milford, y me dijo que si me quería ir a caminar, y ni lo dudé, le dije que me tenía que cambiar de zapatos y quedamos quince minutos después en la puerta de la cocina. Por fin podría estrenar mis botas de montaña, y así lo hice. Me puse las botas, me cogí la sudadera que me regaló Manolo hace hoy justo un mes, y una botella de coca cola vacía para rellenarla de agua.

La excursión podría empezar perfectamente como los chistes que contábamos de pequeños, ya que íbamos, un checo (Jacob), una australiana (Lien), una alemana (Julia) y un ramireño, una buena mezcla. Cogimos el coche y nos pusimos en marcha, y tras una hora de camino, ya que paramos en algunos sitios a hacernos las primeras fotos llegamos al lugar en dónde empezaba el trecking que íbamos a hacer, uno cortito, duró unas 3 horas subir y bajar, aunque fuimos con calma. La caminata no era muy dura, aunque el primer tramo tenía algo de pendiente, pudimos disfrutar del paisaje, ya que al principio era como un bosque y un camino estrecho por el que subir. Al terminar el bosque, se veían todas las montañas de alrededor, y continuando el camino, se llegaba a un llano y cima del monte que subimos (a poco menos de 1000 metros de altura) en el que estábamos rodeados por todos los montes y con unas vistas… que yo ya no digo nada que me llamaréis exagerado, en cuanto pueda os subo las fotos y las veis vosotros mismos.

Y como bien os podréis imaginar, durante todo el día hubo que hablar en inglés, ya que ninguno de los 3 acompañantes habla castellano, un día bastante agradable, en el que nos echamos unas risas y lo pasamos en grande. Al llegar a Milford, era tarde para ir a hablar con Penneke, así que le pregunté a Nico si había hablado con él, pero me dijo que no le había visto, así que habría que esperar un poco más.

La verdad es que a pesar de que sé que queréis dos historias diferentes entre el blog de mi primo y el mío, ahora mismo no me gustaría irme, ya que he empezado a conocer gente, a soltarme a hablar en inglés con ellos y a disfrutar en Milford. Pero obviamente si Penneke no me confirma que tengo trabajo, me veré obligado a buscarme la vida en otro sitio. Lo que tenga que pasar pasará, yo os agradezco todas las opiniones, y las valoro, pero si me dan el trabajo, me espera una temporadita en Milford que disfrutaré como un enano.

Bueno, no sabía si borrar el último párrafo o dejarlo, pero finalmente lo dejo, ya que lo había escrito cuando aún no había noticias de Penneke, pero el jefe ha hablado. Una de cal y otra de arena. Tengo trabajo en Milford, en los botes, pero no empezaré hasta el 15 de mayo, así que hay un mes entre medias, en el que no me da tiempo a trabajar en ningún otro lado, porque no me van a contratar para 2 semanas, ya que las otras 2 semanas es lo que tardan en darme el permiso de trabajo, y así de paso me amplían la estancia, que sino el 11 de junio tengo que estar fuera del país, y la verdad, no me apetece nada irme, sólo volvería por el trabajo que ya sabéis. Así que tendréis, aunque sea por unas 3 semanas vuestras dos historias diferentes. Lo primero que se me pasa por la cabeza es conocer un poco más la isla sur, incluso el ir a conocer la isla Stewart, situada más al sur y en la que viven los kiwis en libertad, desde la cual puede verse la aurora austral, y el 85% de la isla está considerada parque nacional, para llegar tendría que ir a Invercargill y coger un ferri. Pero bueno, esto aún son suposiciones. Lo que está un poco más claro es que de aquí a dos días Nico y yo nos separaremos por unas semanas, y ya iremos sabiendo el uno del otro por Internet, porque como en Milford no hay cobertura… Y que el día 15 de Mayo, como tardísimo nos volveremos a juntar.





Hasta otra Milford

5 04 2008

Antes de nada, comentar que todo éste tiempo sin actualizar se ha debido a dos cosas fundamentalmente, el poco que contar y la cantidad de gente que se conecta al único ordenador de Milford. Os pondré un poco al día desde la última actualización.

Raúl y Paula amanecieron algo más temprano que nosotros dos, pero porque a las 6:30 les venían a buscar para ir al aeropuerto. Nico y yo, cogíamos un autobús a las 6:55 destino Queenstown, así que a eso de las 6:25 nos despertaron nuestros compañeros de viaje para despedirse, y con legañas en los ojos y aún dormidos nos despedimos. Sabemos que pasará un tiempo hasta que nos volvamos a ver, pero ésta experiencia no nos la quita nadie, y ya tendremos tiempo de comentar el viaje tomándonos un solomillo o algo de embutido más adelante. Ha sido un placer conocer todos los lugares que hemos visitado con vosotros, y Raúl, ya eres la persona con la que más veces me he ido de viaje fuera de Europa, sin contar a mis padres claro. Nos vemos en Chamberí.

Del resto del día no hay mucho que comentar, once horas de autobús hasta Queenstown, con paradas en el Lago Tekapo, Monte Cook, en donde volvimos a no tener suerte y no lo pudimos ver por la niebla, y alguna que otra más no tan turística, en las que casi no pude dormir, no como mi primo, al que se le pasó volando. Al llegar nos dejaron meter las maletas en una habitación del albergue en el que pasamos la noche cuando estuvimos allí y nos fuimos al cine, mi primera película en Nueva Zelanda y también fuera de España. La afortunada fue “Run fatboy run”, dirigida por Ross, el de friends, que aún no la han estrenado allí y que a saber cual será la traducción (¿¿¿¿Corre gordito corre????), y a pesar de no enterarme del 100% de la película, si que me enteré de bastante y es un rato entretenida, no te ríes tanto como en la de Un funeral de muerte, pero te ríes. Después de eso, un paseo por las calles de Queenstown, viendo opciones de futuro a la orilla del lago y a Internet, en donde estuvimos hasta las 6:40 de la madrugada, para ahorrarnos parte del albergue (ya que el internet tanto tiempo cuesta como la mitad que una noche) y luego autobús a Milford, que según parece hay varias paradas, pero desde luego yo no me enteré.

Al llegar a Milford a Nico le dan la noticia de que tiene 4 días libres, ya que justo el día que llegamos era el último día de su turno. Teníamos pensado hacer excursiones por los alrededores, pero el tiempo no nos acompañó, así que a ver películas en inglés y a conocer un poco a parte de la gente que vive aquí. Al cuarto día de estar en el Edén, como lo llama mi primo, y razón no le falta, me hacen una entrevista para trabajar en los botes que hacen el recorrido por el fiordo, de la que aún no hay respuesta, y parece ser que hasta finales de mes no sabrán si me pueden contratar o no, así que de nuevo a hacer la maleta, yo que ya me había acostumbrado a vivir aquí… A ninguno de los dos nos hace gracia volver a separarnos,  pero esperemos que sea por poco tiempo.

Ayer fuimos a la cascada en la que se grabó una escena de Willow, y como había estado todo el día diluviando hasta por la tarde era enorme, y la mojadura que nos agarramos mereció la pena.

A ninguno de los dos nos hace mucha gracia separarnos de nuevo, pero nuestros objetivos son distintos, y ambos esperamos volver a juntarnos aquí dentro de un par de semanas, poco antes de que empiece a nevar. Así que hoy será nuestra última noche en la misma habitación, ya que cuando vuelva a trabajar, espero tener una individual. Tanto confío en que el trabajo va a ser mío, que vuelvo a dejar la maleta con ropa en la habitación, espero no tener que comerme éstas palabras.

Así que ahora falta decidirse por una de las dos únicas opciones:

- Queenstown: Ciudad de borracheras y actividades de riesgo, en la que sólo me quedaría si ésta noche encuentro algún curso de inglés barato.

- Christchurch: Ciudad más grande de esta isla en la que tengo vistos varios cursos, además del ajedrez, los smoothies y que tiene equipos de todos los deportes a los que ir a ver.

La opción parece clara, pero Cristoiglesia está a dos días de camino de Milford, que es una paliza hacérselo dos veces en poco tiempo, ya que me dirán si me cogen o no, en cuanto sepan la gente que se queda a pasar el invierno, que son una minoría, de ahí que confíe tanto en el trabajo.

Pase lo que pase, mañana os contaré desde Queenstown si me quedo hasta que me llamen o si me voy a Christchurch.

El último párrafo, dedicárselo a aquellos que no se lo leen todo y me dicen que soy un pesado y que escribo mucho, deciros que yo también os quiero y que se os echa mucho de menos.





Todo llega a su fin

28 03 2008

La despedida del coche sin ningún problema, pese a que en el contrato ponía que teníamos que dejarlo en Auckland, nos dejó sin vehículo motor, así que hicimos vida por el centro de Christchurch, las cercanías de la catedral para ser más exactos, en donde tienen un mercadillo todos los días y un tablero de ajedrez con las piezas en torno al metro de altura y que tras ver las partidas el primer día me animé a jugar al día siguiente, con la mala suerte de que me tocó contra un friki del ajedrez mezcla de Miyagui y Yoda que entre la falta de práctica y los nervios del momento me metió una palicilla bastante maja, volveré y espero que con más suerte. También nos dio tiempo a que Raúl se hiciese el ansiado tatuaje, que al final fue de diseño casero y está bastante chulo. Mientras cenábamos en el albergue, un chico se nos acercó y le dijo a Nico que él le conocía, que si tenía un blog en Internet en donde explicaba su estancia en Nueva Zelanda, y obviamente nos sorprendió a todos y trajo su consecuente cachondeo. Decir también que en la plaza de la catedral, había un puesto de smoothies realmente buenos, de los que Raúl y principalmente yo dimos buena cuenta de ellos. Ya en la habitación, Paula se metió en el sobre y Nico, Raúl y yo nos vimos una película que si no la habéis visto os recomiendo a todos, “Un funeral de muerte”, hora y media de no parar de reírte. Por la mañana, tras un suculento desayuno en el que nos faltaron algunas tostadas por mala compenetración, tocaba desalojar el albergue y trasladarnos a otro, de nuevo para dormir los cuatro, pues al final Nico y yo decidimos que la noche que no cogeríamos albergue sería la de Queenstown, ya que el autobús para Milford sale bastante temprano y aprovecharemos para dormir en él. Después últimas compras de los que vuelven mañana y ahí fue cuando mi partida de ajedrez, que prefiero no recordar, Heras, no te confíes que cuando finalmente juguemos te daré más caña que a Miyagui-Yoda.

Al ser la última noche habíamos decidido ir a cenar a un restaurante de un español, en el que tenían jamón serrano y Nico quería darse el capricho (el resto también, para que nos vamos a engañar) y al ir a cenar temprano (en torno a las 6:30 de la tarde) nos dijeron que lo tenían completo, pero que volviésemos sobre las 9, eso sí, nada más vernos, sin dejarnos casi tiempo ni para saludar nos soltaron un “hola” que nos dejó alucinados, ¿tanto se nos nota a los españoles? Parece ser que sí, lo cual nos sorprendió porque aquí no son habituales esos horarios. Así que para hacer tiempo, nos metimos en la habitación a jugar una última partida de póker, y cuando llegó el momento nos dirigimos a nuestra cita con el jamón. Nos sentamos, y pedimos, tabla de ibéricos, huevos a la riojana y luego cuatro solomillos a la mostaza.

Nuestro gozo en un pozo al ver la “tabla de embutidos” ya que consistía de cuatro trozos de jamón, chorizo, salami y fuet. Los huevos a la riojana muy buenos, pero una cacerola que podría pasar por individual. Todos confiábamos en el solomillo, y que fe teníamos, pues ni en nuestros mejores pensamientos habíamos podido pensar que fuese a estar tan sumamente delicioso, digno del Txistu, el Asador Donostiarra o cualquiera que se os pase por la cabeza. Se deshacía en la boca, jugoso, con el contraste de la mostaza y el azúcar que lo acompañaban, nos borró de la cabeza todo lo anterior, sólo queríamos que ése solomillo fuese eterno, y lo intentamos, lo saboreamos en cada bocado, pero finalmente se terminó. De postre, aunque nos hubiésemos pedido otro solomillo, decidimos probar la crema catalana y unos plátanos fritos con countreau y helado, muy buenos también. Tras una agradable sobremesa con el manager del sitio que lleva catorce años ya por aquí, en la que estuvimos hablando de todo un poco, nos teníamos que ir a la habitación, ya que Raúl y Paula se van del albergue a las 6:30 de la mañana y Nico y yo media hora más tarde, ese será nuestra última charla en Nueva Zelanda, las próximas en Madrid o donde el destino nos lleve.

 

Al igual que el solomillo, nuestro viaje llega a su fin, ahora empieza una nueva etapa, esperemos que tan buena como el postre.





Parada final

28 03 2008

Salimos de Dunedin siendo el día que más tarde abandonamos el albergue, ya que entre que nos despertamos tarde, miramos el correo una vez más y desayunamos nos dieron las 11 de la mañana. El objetivo era llegar a Christchurch, pero no sabíamos si lo conseguiríamos o no, ya que son algo más de 360kms y dependía del estado del chofer, pero una vez más se comportó como un héroe y lo logramos, llegando al objetivo un poco más tarde de la hora de comer española. Un vez aquí, como siempre al llegar a una ciudad, encontrar un albergue, y ésta vez a la primera dimos con uno que nos acogerá las dos últimas noches antes de separarnos. Ya que la última noche Nico y yo no sabemos si dormiremos o la pasaremos en vela para dormir durante las 12 horas que tardaremos en llegar a Queenstown y de paso nos ahorramos unos dólares.

Al dejar las cosas en la habitación fuimos a la reserva natural que habíamos visto en la guía para ver las alpacas de cerca y ver por primera vez a los kiwis. El sitio no estaba mal, pero tiene de reserva natural lo que yo de madridista, así que nos conformamos con ver los animales que tenían, algunos desconocidos bastante curiosos, y al famoso kiwi, que nos ha sido muy difícil sacar una foto decente ya que están casi a oscuras y que no se podía usar el flash, pero la verdad que son unos animalillos bastante majos. De hecho son el ave que pone los huevos más grandes en proporción a su tamaño, un 20%. Tienen un pico largo y fino para poder comer gusanos, y llevamos todo el viaje con el debate de si tienen pelo o pluma, que incluso hoy no hemos conseguido resolver. Lo peor del sitio, a parte de las mini jaulas, es que no había nuestras queridas alpacas, a pesar de anunciarlas en la guía y de que durante el viaje en coche no hemos parado a hacer fotos en varios sitios donde las tenían a montones e incluso las vendían, porque nos las íbamos a hacer en el sitio éste. De ahí a cenar algo en un asiático, en el que con un poco de esfuerzo nos hemos podido apañar con los palillos, hasta para el arroz. Y al irnos uno de los camareros nos ha sorprendido con un “muchas gracias, hasta luego”.

Mañana a las 12 nos despediremos del coche y luego a movernos sobre dos patas y a ver que nos depara el día. Raúl quiere hacerse un tatuaje, e iremos a ver si en alguno de los sitios que hemos mirado por Internet pueden hacérselo.

PD: Paula acaba de zanjar el debate del kiwi, lo que recubre el cuerpo es pluma, pero en el pico tiene pelo, así que el debate queda zanjado y ambas partes tenían razón.





3 en 1, como lo que “engrasa”

25 03 2008

Debido a los tres días que llevamos desconectados del mundo y a las tres actualizaciones hechas cada día, las pongo todas juntas, separadas por el título de cada una de ellas. Espero no teneros desinformados tanto tiempo durante el resto del viaje, o sí.

Conociendo Milford Sound

La noche fue mejor de lo esperado, tanto mi primo como yo tuvimos suerte en las habitaciones, y pudimos dormir, no fue una noche en la que descansásemos mucho, o bien por quedarse en Internet hasta las tantas o por despertarme varias veces a lo largo de la noche, como si por algún motivo no pudiese descansar bien. Al despertarme definitivamente me di una ducha y me bajé a esperar a Nico abajo, llegó 15 minutos tarde, y al mirar en Internet si el señor Penneke le había contestado, y efectivamente lo hizo, pero con sólo tres trabajos disponibles, y ninguno de ellos apto para mí, así que igual fue por eso por lo que no pude descansar esa noche, como si fuese algo que me pudiese esperar. De la que íbamos a buscar a Raúl y Paula íbamos pensando opciones.

Les recogimos y nos fuimos a Queenstown, allí vimos el mercadillo que hay todos los sábados y a un mago haciendo su número en las cercanías del lago. Nos volvimos a comprar unas de esas maravillosas hamburguesas y emprendimos el camino a Milford Sound. 4 horas de viaje, las dos primeras sin grandes paisajes, pero las últimas dos horas de recorrido son dignas de venir a verlas (al igual que la carretera de Westport a Greymouth) Una vez en Milford, admiramos las montañas que nos rodean por todas partes y después de ver los alrededores subimos a la habitación de Nico a dejar las bolsas y fuimos a la lavandería, en donde estuvimos un par de horas jugando al póker para que no se nos hiciese muy pesada la espera. Al terminar la secadora volvimos a la habitación, en la que yo me quedé dormido y el resto bajó a cenar algo, momento en el que Raúl se enamoró de la despensa. Yo no sé si me dormí por cansancio, sueño, o para dejar de darle vueltas a lo del trabajo y diversas opciones, creo que fue por la última de todas, acompañada de que no había descansado lo suficiente.

Doce horas después nos levantamos, el día que más tarde, a las 10:30, nos duchamos, desayunamos fuerte, en donde Raúl se despidió de la despensa dándole un buen meneo. De la que vamos a coger el barco para ver el fiordo, Nico se encuentra con Penneke, al que después de darle mi CV y hablar con él, nos dice que esperemos un par de días a ver si hay algo, que seamos pacientes, así que de nuevo se vuelve a abrir la puerta de Milford.

Nos invitaron al barco a los tres y disfrutamos de dos horas y media de paseo por el mar con montañas a ambos lados, varias cascadas, no con mucho agua ya que no ha llovido mucho en las últimas fechas. Nos quedamos sin ver delfines, pero si que admiramos el paisaje en un día soleado, del que también dieron fe las focas, tiradas a la bartola disfrutando del sol. Cascadas que nos salpican mientras intentamos evitarlas, montañas y más montañas y entre medias, el mar y nosotros en un pequeño barco.

De nuevo en tierra nos dirigimos Nico y yo a su habitación y Paula y Raúl al café en el que trabaja Nico. El motivo de ir a la habitación es que Nico va a vaciar la maleta para lo que queda de viaje, y yo me decido a dejar mi maleta grande en su habitación, para, esperemos, volver a Milford para coger mi habitación propia y mi nuevo puesto de trabajo. Si finalmente el señor Penneke no nos llama, ya buscaremos otra solución, aunque las primeras que pasan por mi mente son Queenstown, por la “proximidad” con Nico para vernos en los días libres y con múltiples trabajos que ofrecer, y la otra Wellington, por ser la capital habrá gran cantidad de trabajo y es una ciudad que me gustó muchísimo. Pero lo que tenga que ser será, de momento confiemos en Milford.

Al salir de Milford, después de haber recorrido varios kilómetros decidimos volver ante la posibilidad de quedarnos de nuevo sin gasolina, repostamos y continuamos el camino. Decidimos parar en Te Anau, primer pueblo a unas dos horas de Milford, ya que el horario (se nos hizo bastante tarde en la tierra del fiordo), el miedo a quedarnos sin albergues si continuábamos más adelante y que el chofer estaba cansado. Conseguimos habitación de milagro y sobre la bocina, y tras buscar nuestra habitación durante un buen rato, dimos con ella después de volver a preguntar en recepción, y es que nuestra habitación es una caravana años 60 pintada de rosa y azul, en la que hay una cama doble y dos simples, en la que sin ninguna duda decidimos quedarnos con ella y encima al ir a pagar nos sale 11$ más barata que cualquier otra habitación.

Una vez arreglado el alojamiento y para quitarnos el mono con el que llevábamos dos días nos fuimos a cenar a un restaurante hindú, aunque por el camino nos desviamos debido a una enorme luna redonda y amarilla que nos embaucó a los cuatro, después de una nueva maravillosa vista fuimos a deleitarnos con una no menos sabrosa comida. De nuevo a nuestra caravana y a descansar para el día siguiente, que como viene siendo habitual, sabemos a donde vamos pero no donde dormiremos.

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180 millones de años atrás

La noche en la caravana fue tranquila y placentera, con un poco de frío pero nada que un buen saco no pueda evitar. La ruta de hoy fue ir a las Catlins, en la costa sur de la isla, así que cogimos el coche y nos pusimos en marcha, previa parada para desayunar en Te Anau. La primera parada del día fue Curio Bay, una playa en la que se conservan los fósiles de los árboles de un bosque de 180 millones años, que aunque a pesar de que vayamos a desgastar la palabra es impresionante, como casi todo lo que hemos visto en este país. Unos cientos de metros más adelante nueva parada en una cima desde la que se puede ver parte de la costa y una playa en la que si hay suerte pueden verse pingüinos, focas y algún que otro animal marino más.

La segunda parada fue otra playa en la que ocurre lo mismo, pero hoy no ha habido suerte y nos hemos quedado sin ver a ningún animal marino por las arenas de las playas. Al regresar al coche, debido a las horas que eran decidimos quedarnos en el siguiente pueblo Owaka, en el que el único albergue en el que había plazas, no había recepción. Entonces después de preguntar y que nos dijesen que elegías una habitación y ya te vendrían a cobrar, nos quedamos pensando que eso era un poco surrealista pero ante la necesidad de coger habitación elegimos una con una cama doble y otra simple, ya que no había otra opción de estar los cuatro juntos.

Cuando íbamos al supermercado a comprar la cena y el desayuno del día siguiente, apareció un tipo que se bajó del coche que nos preguntó que si nos íbamos a quedar con la habitación, al decirle que sí, nos dijo que éramos cuatro y la habitación de tres, así que le dijimos que Nico dormiría en otro albergue y así nos ahorramos unas pelillas.

La merienda-cena consistió en tallarines chinos, nuggets de pollo y trozos de patata rebozados. Por primera vez en lo que llevamos de viaje vimos la tele, primero Los Simpson´s y luego King Kong. Al terminar la película, todos a la habitación, y tras repartirnos las camas, Raúl se atrevió a probar el propóleo, creo que por primera y única vez en su vida, ya que no le gustó mucho.

Mañana Nico tendrá que hacer que llega a buscarnos para que no nos digan nada de la habitación, así que tendrá que madrugar un poco más que el resto.

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Leones marinos

Al final no hubo ni madrugón del chofer ni pillada del dueño ni nada de nada, así que después de desayunar y ducharnos tranquilamente los cuatro, cogimos el coche y nos pusimos en marcha, en un principio no íbamos a parar, pero afortunadamente, como sabíamos que íbamos a llegar pronto a Dunedin (ciudad elegida para pasar la noche) decidimos desviarnos a Nugget Point, y menudo acierto. El lugar en concreto es un cabo en donde hay un faro y tienes unas vistas espectaculares, pero es que además, es el único sitio de Nueva Zelanda (y según un cartel que ponía allí, del mundo) en el que conviven focas, leones y elefantes marinos. Hoy tuvimos más suerte y vimos en la distancia a focas y leones marinos, de los elefantes ni rastro. Tras unas cuantas fotos volvimos hacia el coche, y tras bajar una cuesta paramos en una playa para ver si había suerte y veíamos pingüinos o algún animal más de cerca. Al meternos en la caseta para que ellos no te vean y se queden en la playa, pudimos ver que en la hierba había un león marino, tras dudar si estaba dormido o muerto, se despertó, y tras unos amagos de moverse decidió volver a tumbarse.

De la que continuábamos nuestro camino a Dunedin, nos vimos obligados a volver a parar ya que otro león marino estaba tomando el sol en la arena de una playa, y ahí si nos pudimos acercar un poco más. Nico, el más valiente, incluso fue avisado dos veces por el animal, levantando el cuello, abriendo la boca y soltando un sonido un poco acojonador. A ver si conseguimos subir las fotos para que las veáis. De ahí, poco más hasta que llegamos a Dunedin, en donde después de coger el albergue nos fuimos a recorrer la ciudad, que según dicen en todos los folletos es muy parecida a Edimburgo, pero por lo que nos cuenta el único de los cuatro que ha estado en Edimburgo no tiene nada que ver. Tras ver la catedral y la calle principal nos cogimos algo de cena en el McDonald´s y al albergue, en donde volvimos a jugar al póker, pero esta vez sí, con dinero.

Mañana es el último día que usaremos el coche, salvo que Nico esté muy cansado y hagamos una parada más, pero en un principio, la idea es llegar a Christchurch y pasar allí los poco más de dos días que nos queden en grupo antes de iniciar la andadura en pareja o en solitario, ya que Penneke sigue sin confirmarnos nada.

Estos días hemos estado aislados del mundo ya que en Milford y en Owaka no había cobertura en el móvil, y en Milford lo de pillar Internet es complicado, y más si no curras allí. Pero de aquí al final del viaje será más fácil.

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Fully booked

21 03 2008

El maravilloso desayuno que esperábamos se acababa a las 9 de la mañana, y como siempre terminamos de ducharnos y demás en torno a las 10, así que nos quedamos sin catarlo, pero como somos muy previsores, habíamos comprado desayuno, unos maravillosos huevos, que acompañados con jamón, cebolla y tomate, hicieron una exquisita tortilla, acompañada de galletas y leche para desayunar fuerte. Cogimos el coche y fuimos en dirección al Lago Tekapo, pero a mitad de camino nos dió un susto Paula gritando, y todos acojonados, pero sólo era porque por fín había visto el bicho raro que a mí me da grima. La próxima parada del día fue el Lago Tekapo, en donde estuvimos unos 20 minutos admirando el paisaje y proseguimos camino del Monte Cook, en donde al llegar estaba nublado, pero las vistas y el lago color turquesa que hay al lado son impresionantes. Imagino que pensaréis que soy un pesado con tanto “impresionante” o “espectacular”, pero es que no os podéis hacer a la idea de la cantidad de colores y formas que crean ésta maravillosa isla.

Del Monte Cook cogemos la carretera que nos conduce a Queenstown, porque tenemos un conductor (de primera) que se hace los kilómetros que ni nos enteramos. Y aquí empezó el caos.

En todos los albergues en los que nos metíamos a preguntar obteníamos la misma respuesta: “Sorry, fully booked”, es decir, que no había ni una sola cama. Al final, encontramos 2 camas en 2 habitaciones de 8 personas separadas, que nos las cogemos Nico y yo, ya que Raúl y Paula querían dormir juntos. Después de llamar a más de 15 sitios dimos con un sitio en el que tenían una habitación para ellos, a 4 km de Queesntown. Fuimos corriendo, y el sitio está bastante bien, dejamos las maletas y de nuevo al pueblo a cenar una de las mejores hamburguesas que recuerdo, están muy, pero que muy buenas, eso sí, algo caras. Después de cenar decidimos ver el pueblo al día siguiente, ya que la lluvia hace su aparición por primera vez en el viaje. Dejamos a la pareja en su hostal y conseguimos aparcar delante del albergue, quedamos en el hall 10 minutos después para venir a internet. Subo a mi habitación, en la tercera planta, entro y hay un chico, holandés, que se ha recorrido parte de Australia y ahora está por aquí, parece majete, esperemos que los otros 6 no sean como los de Napier, ya contaré en la próxima actualización, que me imagino que será en un par de días ya que mañana vamos a Milford Sound y no aspiramos a tener internet.

Mañana es el día en el que espero tener mi entrevista con el señor Penneke, en la que espero conseguir un trabajo para cuando terminemos el viaje, y adelantar en estos días el papeleo para arreglar los papeles, así que mantener los dedos cruzados durante todo el tiempo que podais. Me veo obligado a cortar la actualización para ponerme a hacer el CV que necesitaré mañana.

PD: Ya hemos encontrado el nombre y en consecuencia una foto del animal grimoso tan nombrado, se llama Alpaca, de procedencia sudamericana y os dejo un enlace con una foto ( http://thoughtdistillery.com/gallery/d/639-3/alpaca.jpg)





La isla de los paisajes

20 03 2008

Salimos de Nelson por la mañana temprano, a las 10:30 ya estábamos en la carretera, con dirección al Parque Nacional de Abel Tasman, al NO de la isla sur para intentar coger unas canoas y recorrernos la costa que al parecer tiene unas vistas increíbles. Una vez allí, nos ponemos a preguntar en todos los sitios las opciones que tenemos, y o bien por tiempo (recomiendan mínimo un par de días) o bien por falta de presupuesto, decidimos tirarnos a tomar el sol en la playa un par de horas, en donde el atleta de Nico se atrevió a caminar los muchos metros que nos separaban del agua para una vez dentro, ser atacado por dos centollos, de los que salió ileso. En cuanto volvimos a estar los 4 juntos, de nuevo al coche, en donde lo único que habíamos decidido sería que íbamos a empezar a ir hacia el sur, sin ningún rumbo fijo, tan sólo ir por la costa oeste, ya que la este la recorreremos al ir a Christchuch, en donde hay que dejar el coche.

El destino decidió que pasásemos la noche en Westport, y el mismo destino nos llevó a un albergue en las afueras del “pueblo fantasma” (a las 8 de la tarde no había gente por la calle) y menudo acierto tuvo el destino. Una casa del siglo XIX que tenía la parte de abajo y un trozo del jardín habilitado de albergue y el piso de arriba para sus dueños, todo muy rural, muy acogedor, hasta los dueños te dejaban cartelitos por la casa para que hicieses bien las cosas. Nos hicimos unos espaguetis carbonara que aunque un poco líquidos, estaban bastante buenos. Después de cenar íbamos a jugar al parchís, pero Paula y Nico decidieron dormirse antes siquiera de coger el juego.

Tras una disputa de Nico con la sábana después de una conversación que no recuerda (pues estaba dormido y pudimos sacarle información) Raúl y yo también decidimos cerrar los ojos.

A las 9, nuestra querida alarma particular (Paula) nos despierta a los 3, para que nos duchásemos y desayunásemos, y a las 11 dejamos ese maravilloso albergue, que sabemos no encontraremos uno igual. ¿Rumbo? Al sur, sólo sabíamos que bajaríamos a Greymouth y Hokitika, y de nuevo un acierto. La carretera desde Westport hasta Greymouth es de las más espectaculares, increíbles o como lo queráis llamar que haya visto nunca, ha sido uno de esos momentos en los que me encantaría tener 2 cabezas para mirar a ambos lados de la carretera, en la parte derecha el mar de Tasman, con unas olas que recordaban al Cantábrico, al otro el Parque Nacional de Paparoa, una belleza, como podréis ver en las fotos cuando consigamos subirlas.

Al llegar a Hokitika, unas pequeñas compras, en donde nuestro querido despertador nos ha regalado un colgante de Jade (piedra original de Nueva Zelanda) y de nuevo al coche a ver a donde íbamos. Al final hemos decidido tomar la ruta central a pesar de que la costera nos llevaba por los glaciares (en los que o pagas o no ves nada) y como tampoco teníamos tanto tiempo para hacer las excursiones por ellos no nos arrepentimos en absoluto. Y de nuevo una carretera con unas vistas sensacionales que conducía al pueblo más alto de Nueva Zelanda, a poco más de 900 metros, Arthur´s Pass, otras maravillosas vistas, con Raúl en la ventana derecha y yo en la izquierda haciendo fotos durante todo el día. En Arthur´s Pass tenemos que decidir si nos quedamos allí a dormir o si seguimos bajando hacia el sur y para tan difícil situación nos compramos unos sándwiches o unos helados para pensar mejor y decidimos regresar al coche, tras un rato por esa maravillosa carretera llegamos a…¡¡¡¡Springfield!!!! Aunque no nos quedamos a buscar a Homer y compañía y seguimos hacia delante, hasta llegar a Methven, en donde estamos ahora, que además hemos encontrado un albergue en el que estamos muy a gusto aunque no es tan rústico como el de ayer pero por lo menos el desayuno va incluido en el precio. Hoy la cena ha sido un arroz a la cubana que nos ha sentado de maravilla y ahora estamos en la habitación, dos leyendo, una durmiendo y el otro delante del ordenador, que encima es el primer albergue en el que conseguimos wifi gratis y eso hay q aprovecharlo.

El plan para mañana es parecido, pero si tenemos claro que vamos a ir a ver el Lago Tekapo y el Monte Cook de lejos, dónde dormiremos ya es más incógnita.